Una obra de arte es como un fragmento de vida e historia congelado en el tiempo.


En una fría mañana de octubre de 2019 en el mercadillo londinense de Portobello encontré un antiguo e impactante grabado de Julien Dupré (1851-1910). El marco estaba en muy malas condiciones, con un vidrio roto. La lluvia posterior prodría haber arruinado el papel del grabado. La obra no mencionaba un título, sólo el nombre del artista, firmado en la plancha junto a la fecha, 1889. Sin embargo, no me llevó mucho tiempo adivinar que se trataba de Los Carros de Heno (o El Campo de Heno). Era un grabado antiguo del maestro grabador Charles Toussaint a partir de un óleo del artista Julien Dupré (1889). Charles Henri Toussaint (1849-1911) fue un pintor, ilustrador y grabador francés. Estudió pintura y grabado en París, donde exhibió por primera vez su arte en el Salón de 1874. Durante los años siguientes recibió numerosos premios, incluyendo medallas de la Exposición Universal en 1876, 1884, 1899 y 1900. 




El tamaño de la imagen impresa es de 23 x 13 pulgadas, unos 55 x 33 cm. Una imagen original de este grabado fue incluida en el Catálogo Ilustrado de la Exposición Anual de Obras de Arte de Todas las Naciones, Palacio de Cristal de Munich, 1890.


    



Y un grabado similar, también basado en un cuadro de Dupré, fue publicado en La France Illustrée (nº 1022, 30 de junio de 1894), lo que nos permite verificar que Dupré pintó variaciones de la misma escena.





Julien Dupré es otro de los artistas profundamente fascinados por la vida del campesinado, y que pintó profusamente en las zonas rurales de Normandía y Bretaña. Pintor de gran talento, Dupré siempre ha sido considerado uno de los más cercanos seguidores de Jules Breton. Su formación académica es evidente, influenciada por artistas como Breton y Bouguereau, aunque ya con ciertos rasgos de la pintura impresionista.





Interesado en la representación del campesinado francés, Dupré pintó numerosas escenas de la exuberante campiña francesa, principalmente en las zonas de Normandía y Bretaña, donde retrató con gran maestría tanto figuras humanas como animales, con especial atención a la campesina bretona, a la que idealizó como hercúlea y elegante, dotada de un aura heroica. Sus escenas activas y vigorosas lo distinguen de otros artistas de este género rural francés.  

 

Como ya hemos indicado, Dupré participó por primera vez en el Salón de París en 1876, convirtiéndose desde entonces en expositor habitual, y recibiendo varios premios del Salón. En 1889 recibió también una medalla de oro en la Feria de París, y tres años más tarde la Legión de Honor. Logró con su pintura un gran éxito comercial en el mercado norteamericano, y encontramos sus creaciones a día de hoy en muchas colecciones públicas de los Estados Unidos.


 

Los cosechadores en subastas.

 

Coleccionar pequeñas obras de arte e intentar investigar su valor te lleva a explorar el asombroso mundo de las subastas, un apasionante pasatiempo con numerosos seguidores en el Reino Unido. En los muchos años que he vivido en Londres he asistido a algunas exposiciones y subastas de arte impresionista y británico en la casa Christie's de St. James. Mucha gente ignora que puede acceder gratuitamente a las exposiciones, e incluso asistir a la mayoría de las subastas. Allí uno puede deleitarse contemplando obras de arte que jamás podrá visitar en un museo, ya que terminarán en colecciones privadas de países lejanos. Los museos occidentales no pueden competir con pujas astronómicas. Vivir en primera persona una venta multimillonaria es una experiencia única y fascinante, que te lleva a entender un poco más el complejo negocio del arte. El valor comercial de una obra artística está fundamentalmente vinculado al interés que tienen en ella las personas que pujan, y no solo a su calidad artística o a su valor histórico. 


Condicionado por la situación económica y por las crisis, el valor del arte es continuamente objeto de debate. Hoy la Royal Academy se debate en un controvertido dilema, vender una obra maestra del pintor renacentista Miguel Ángel, cuyo precio en subasta podría alcanzar los 100 millones de libras, o perder 150 empleos. Obviamente una difícil decisión, aunque en mi opinión las personas deberían estar por encima del patrimonio cultural y artístico. Al fin y al cabo son ellas las que crean el arte.


Con respecto al grabado de los cosechadores, a través de las diversas casas de subastas que operan en línea pude verificar que grabados similares habían sido subastados en diferentes fechas y en distintos países, alcanzando pujas ganadoras de hasta 600 dólares: 

 

-Burstow & Hewett, Battle, UK. 2008. Lote 280. Harvest Scene (1889), grabado de Julien Dupré. 13" x 22.5".




-Charlton Hall. West Columbia, SC, USA. 2015. Lote 806. The Reapers, grabado de Julien Dupré. Estimación: $300 - $500.




-Albion Prints. Clowne, Chesterfield, UK. C1890. Lote 3222. Grabado de Toussaint a partir de una pintura de Julien Dupré. Publicado 1870-1907 por Seeley & Co., London, en "The Portfolio. An Artistic Periodical (...)", una de las más importantes revistas de arte durante el resurgimiento del grabado, editada por Philip Gilbert Hamerton. Tamaño: 14” x 10”, 36 x 25 cm.




-Candlewood Yankee Fine Art. USA. The Hayfield, grabado por Charles H. Toussaint después de una pintura al óleo de Jules Dupre’s (1889). Tamaño: 9.5” x 5.5”. Firmado en plancha. Precio: $150.




-KCM Galleries. Cape Coral, USA. 2019. Lotes 401 y 547. The Hayfield (1891), grabado de Julien Dupré. Estimación: $400 - $600.




La influencia de John Constable.

 

Probablemente el carro de heno más famoso de la historia del arte sea el pintado por el artista inglés John Constable en 1821, que luego expuso en el Salón de París en 1824, junto con otros cuadros de escenas rurales. Se ha dicho que la exposición de Constable causó gran sensación entre los jóvenes artistas franceses, que decidieron abandonar el formalismo académico y comenzaron a buscar la inspiración directamente en la naturaleza, haciendo del paisaje y lo natural los temas principales de sus lienzos, y no sólo como meros fondos de composiciones históricas, mitológicas o literarias. Algunos de esos artistas influenciados por la obra del pintor inglés fueron los que se reunieron en torno a Barbizon. The Hay Wain de Constable es también uno de los cuadros más emblemáticos de la historia del arte británico.

 

En aquellos días, mientras seguía encantado con mi nuevo grabado de Dupré, tuve la oportunidad de adquirir online una pequeña acuarela original sobre papel, casi una miniatura, que representaba también una escena de recolección. Se trataba de un paisaje rural seguramente pintado en el siglo XIX, y a la manera de un artista llamado Eugène Ciceri (1813-1890). Sus dimensiones eran 128 x 80 mm. 



La escena representada en la acuarela corresponde al final de un día de cosecha en la campiña. Los campesinos vuelven a casa justo a la puesta de sol, y podemos ver el carro con la cosecha delante, ya en lontananza, casi alcanzando el pueblo. A pesar del diminuto tamaño de esta pieza, el autor se deleita con los valores tonales tanto del cielo como del terreno, y con los efectos lumínicos producidos en el paisaje por el sol del atardecer, cuando la luz es lateral y rasa. Antes del primer tercio del siglo XIX era una práctica relativamente común esbozar paisajes "au plein air", para producir las pinturas terminadas posteriormente en el estudio. Aquí, la acuarela sin firmar, junto con su pequeño tamaño, sugeriría que se trata de un borrador o de un estudio rápido de luz. Lo que parece improbable es que esta acuarela fuera realizada por un artista aficionado. Un pintor amateur normalmente se centra en los rasgos formales de la escena, con tendencia a representar las sombras de forma plana. Es muy difícil para un artista poco experimentado capturar tal impresión lumínica en una escena.



La paleta empleada combina los tonos terrosos del campo con los matices azulados de las sombras y del cielo, explorando las relaciones cromáticas y lumínicas entre el cielo del atardecer y la tierra, con profundos contrastes de luz y de sombra, realzando las figuras de los campesinos, el carruaje y algunos edificios remotos de la aldea. Se pueden encontrar fácilmente rastros de la estética de Barbizon junto con la influencia del impresionismo. Esa fidelidad a las impresiones ópticas y cromáticas que se producen en la naturaleza en determinadas condiciones atmosféricas y luminosas, en este caso al atardecer, y los contrastes de color, con esa luz cálida que, como las nubes, se opone al cielo azul del atardecer, nos llevan a afirmar que el color y la luz son los rasgos principales de esta obra, por encima del dibujo.

 

A medida que la industrialización y la urbanización avanzaban, con la migración de los trabajadores agrícolas a las ciudades, el éxodo rural comenzó a despoblar ciertas regiones. Este tipo de paisaje rural ofrecía la imagen de una Francia preindustrial conservada, donde todavía era posible una existencia apacible. Ese efecto causado por la Revolución Industrial también se produjo en Gran Bretaña, donde el campo se consideraba la esencia intemporal de la Vieja Inglaterra. Mencioné antes que el estilo de esta acuarela nos recuerda a Eugène Ciceri, un pintor francés de principios del XIX. En aquellos primeros años del siglo el arte paisajístico no era aceptado oficialmente por las autoridades del salón como un género artístico independiente. Con la invención de los tubos de estaño cada vez más artistas eligieron salir al aire libre para pintar la naturaleza, en papel o en lienzos de pequeño formato. Algunos de aquellos pintores se reunieron en grupos. Uno de esos grupos fue la llamada Escuela de Barbizon, alrededor del bosque de Fontainebleau y sus alrededores. Eugène Cicéri estuvo entre aquellos pintores. En Pigalle, un distrito de París, conoció a artistas como Jean-François Millet, Théodore Rousseau, Jules Dupré, Narcisse Virgilio Díaz de la Peña o Eugène Isabey, su tío. Los paisajes de Ciceri representaban una Francia rural serena sin signos de industrialización. La acuarela actual recuerda uno de aquellos paisajes rurales de Normandía de Ciceri, pinturas de pequeño tamaño donde dominan el paisaje y los cielos resplandecientes, y donde está presente la figura humana, ligada a la tierra y a la naturaleza. Los paisajes de Ciceri revelan todas las preocupaciones de aquellos innovadores artistas: la preservación de la Francia rural, la apreciación del trabajo y la invasión de la industrialización en un entorno antes bucólico. Ciceri debutó en el Salón en 1851, el mismo evento en el que Jean-François Millet expuso su famosa obra El Sembrador. Ciceri murió a la edad de 77 años en Marlotte, cerca de Fontainebleau.

 

Literatura:

 

-Bouret, L'Ecole de Barbizon et le paysage français au XIXe siècle, Neuchâtel, Ides et Calendes, 1972, p. 13.

-Gérald Schurr ; Pierre Cabanne, Dictionnaire des Petits Maîtres de la peinture, 1820-1920, París, Les Editions de l'Amateur, 2008, p. 179.


 

Ésta no fue la última acuarela de escenas rurales que se cruzó en mi camino en el mercado de Portobello Road o en las tiendas benéficas de Londres, algunas de ellas muy interesantes y valiosas, aunque tales obras contarán con su propio artículo en este espacio. Por ahora continuaré con los grabados. Después de éste de Julien Dupré vinieron otros, comprados en internet, algunos de los cuales fueron de gran interés, como La Mare (1879), un aguafuerte de Théophile Chauvel sobre un cuadro de Jules Louis Dupré (1811-1889). Este grabado fue impreso en París por François Liénard y publicado en L'Art en 1879. Las dimensiones de esta obra son 237 mm (alto) x 267 mm (ancho).




Descubrí que el Museo Británico conservaba un grabado idéntico entre sus colecciones (número de registro del Museo: 1880,0214.235), también publicado en la revista L'Art. Lo adquirieron de Seeley, Jackson & Halliday, 54 Fleet Street, Londres, en 1880. Bibliografía: IFF 64 (Inventario del Fondo Francés), Biblioteca Nacional, Departamento de Estampas, París, 1930.

 

L'Art, revue hebdomadaire illustrée' fue una revista ilustrada francesa fundada en 1875 y desaparecida en 1907. Dedicada a la historia del arte, se dirigía a un público acomodado y erudito, de ahí su elevado precio, unos 4 francos por ejemplar, mientras que un periódico de la época solía costar 5 céntimos de media. La revista ofrecía a sus suscriptores ediciones de grabados originales como regalo, principalmente aguafuertes, impresos en papel de calidad y en un formato mayor que el habitual. Eran producidos por grabadores famosos, como Théophile Chauvel, que fue el director artístico de la revista desde la muerte de su fundador, Eugène Véron.

 

Théophile Chauvel (1831-1909) fue un pintor, grabador, litógrafo y fotógrafo francés. Estudió en la "École impériale des beaux-arts", donde ganó el segundo premio de Roma por el paisaje histórico. Expuso por primera vez en el Salón de París en 1855, y siguió pintando paisajes durante muchos años, aunque se centró principalmente en la punta seca, la litografía y el aguafuerte, técnicas con las que realizó paisajes del bosque de Fontainebleau, así como reproducciones de obras de arte de maestros pintores, principalmente de la Escuela de Barbizon. Entre aquellos artistas conoció personalmente a Jules Dupré, autor del paisaje original reproducido en este grabado, y a Jean-Baptiste Camille Corot. Fue miembro de la Sociedad de acuarelistas, y más tarde de la Sociedad de acuarelistas franceses. Para la revista L'Art, de la que fue director a partir de 1889, realizó maravillosos grabados a partir de cuadros de Théodore Rousseau, Jules Dupré, Narcisse Díaz de la Peña, Charles-François Daubigny y Jean-Baptiste Camille Corot, en los que es fácil apreciar su maestría. Ganó medallas en el Salón en 1870, 1873 y 1878, y fue galardonado con la medalla de honor en el Salón de los Artistas Franceses en 1881, en la sección de grabado. Fue nombrado caballero de la "Légion d'honneur" en 1879. También se le concedió el Gran Premio del Salón en 1889 y en 1900.





La obra de Chauvel aquí reproducida corresponde a Vaches à la mare (Vacas en el estanque) de Jules Dupré, una pequeña pintura al óleo sobre tabla. Influenciado por la pintura inglesa de Constable, y también por la tradición holandesa del siglo XVII, la pintura de Jules Dupré se benefició de su encuentro con el artista Théodore Rousseau, con quien aprendió a observar y apreciar la naturaleza con sinceridad y profundidad. Todas estas influencias son visibles en esta obra de arte, la cuidadosa representación del cielo, los efectos de la luz, los reflejos de las nubes en el agua, el ganado que abreva en el estanque, el poder de la naturaleza sobre el ser humano, con ese enorme y retorcido árbol frente a la diminuta figura del pastor a lo lejos, en la ladera de la colina.


Jules Dupré retrató los bosques alrededor de París y los paisajes de Normandía con gran efecto dramático. Debutó en el Salón de París de 1831, y rápidamente obtuvo reconocimiento nacional. "Sus cuadros eran poemas rurales, que infundían pensamientos tranquilos y felices", decía de él el crítico de arte contemporáneo Clarence Cook. Hoy en día su obra puede ser admirada en las principales galerías de arte del mundo, como el Art Institute de Chicago, el Hermitage Museum de San Petersburgo, el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, el Musée d'Orsay de París, la National Gallery de Londres y el Rijksmuseum de Amsterdam.

 

El otro grabado que adquirí fue Paysage de Forêt (Paisaje de bosque), un antiguo ejemplar de Julien Tinayre a partir de un cuadro de Camille Corot, y publicado en Le Magasin Pittoresque en 1898. Al igual que Chauvel, Julien Tinayre (1859-1923) fue un pintor, ilustrador y grabador francés, tal vez más conocido por ser el marido de Marcelle Tinayre, una prolífica novelista francesa formada en Burdeos y París.



El autor del cuadro original, Jean-Baptiste Camille Corot (1796-1875), es también uno de los pintores que visitó con frecuencia el bosque de Fontainebleau, coincidiendo allí con los pintores paisajistas de la Escuela de Barbizon. Corot se formó como artista en París, pero durante su formación también viajó a Italia, donde creó un gran número de paisajes. A lo largo de su carrera artística Corot continuó viajando con frecuencia, pintando al aire libre y luego terminando cuidadosamente sus cuadros en el estudio. Sus obras destacan por su naturalismo, aunque en los primeros años su pintura todavía mostraba rasgos de la tradición académica, especialmente en las obras destinadas al Salón de París. En 1875 ganó una medalla de oro en la Exposición Universal. La influencia de Corot en los primeros pasos del Impresionismo fue crucial, y su pintura fue uno de los más claros precursores de dicho movimiento artístico.

Todos estos grabados y aguafuertes realizados a partir de obras maestras de reconocidos pintores, publicados en revistas ilustradas, dieron a muchos artistas noveles la oportunidad de acceder a las obras de arte que se mostraban en las exposiciones internacionales, aunque fuera a través de impresiones de grabadores e ilustradores como Chauvel o Tinayre. No obstante, el grabado era una profesión cada vez más amenazada por la fotografía, y a finales del siglo XIX muchas de las pinturas y obras de arte de las grandes exposiciones internacionales ya estaban siendo capturadas por la cámara de fotógrafos profesionales. En mi próximo post hablaré de un par de aquellas fotografías de pinturas que hallé en el mercado de Portobello Road.


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