Si tan solo existiera una única pintura en el mundo, sin duda ésta carecería de sentido.
No cabe duda de que en las exposiciones cada cuadro necesita su propio espacio para ser admirado, pero también es cierto que, muy a menudo, los otros cuadros de la sala contribuyen a comprender mejor la obra de arte. En mi caso, aquella pintura bretona en guache me llevó a conocer un poco más del arte de dicha región y, con el tiempo, a adquirir en Internet algunas otras obras relacionadas con la escena representada, que contribuyeran a dar sentido a su mensaje.
Cuando varias pinturas hablan de un mismo tema, al igual que sucede con las personas, se establece entre ellas una especie de diálogo. Esto suele ocurrir incluso entre dos obras de arte de temática diferente. Una sola pintura es un cuadro huérfano. De ahí la importancia de las exposiciones monográficas y temáticas. A continuación se muestran algunos de los grabados adquiridos. Todos ellos son páginas o fragmentos de páginas originales de revistas del siglo XIX.
‘Les Pêcheuses de crabes au bord de la mer’ (1883).
Pescadoras de cangrejos a orillas del mar es un grabado que reproduce un cuadro de Pierre-Marie Beyle, a partir de un dibujo de Edouard Garnier, grabado por Trichon, y publicado en Le Magasin Pittoresque, edición nº 5 de 1883.
‘La Pêche à Marée Basse’ (1903).
Pesca con marea baja es un grabado de Charles Baude inspirado en un cuadro de Pierre-Marie Beyle. Publicado en Le Magasin Pittoresque, edición nº 17, 1 de septiembre de 1903.
Pesca en Dieppe, Marea Baja es un grabado a partir de un cuadro de Pierre-Marie Beyle, dibujado por Edouard Garnier, grabado por M. Paillard. Publicado en Le Monde Illustré en 1882.
‘Grande Maree dans La Manche’ (1882).
Marea alta en el Canal de la Mancha es un grabado (agua fuerte) de Farlet según una pintura de August Hagborg. Publicado en Le Magasin Pittoresque en 1882.
‘Les Sardinières de Concarneau’ (1897).
Sardineras de Concarneau es un grabado de Jarraud basado en un cuadro de Alfred Guillou expuesto en el Salón de los Campos Elíseos en 1896. Publicado en Le Magasin Pittoresque en 1897.
‘Un Bateau de Pêche à Dieppe’ (1909).
Un barco de pesca en Dieppe es un grabado de Durel según un cuadro de Marie-Auguste Flameng. Publicado el 15 de mayo de 1909.
Al observar este conjunto de imágenes, que retratan sujetos similares a los del cuadro de aquella 'charity', advertimos que todas ellas conducen a dos lugares específicos: Dieppe, en Normandía, y Concarneau, en Bretaña. Muchos de estos cuadros fueron pintados por la misma mano artista, la de Pierre-Marie Beyle. Otro fue pintado por Alfred Guillou. Pierre-Marie Beyle (1838-1902) fue un artista francés nacido en Lyon y formado en París. De 1867 a 1902 expuso regularmente en el Salón de París, recibiendo varias veces el prestigioso premio del Salón. En 1881 expuso en la Galería Grafton de Londres y poco después en el Instituto de Bellas Artes de Glasgow. En 1900 participó en la Exposición Universal. A partir de 1878 centró su pintura en la zona de Normandía, principalmente en la costa de Dieppe, capturando la vida de los pescadores. Contemplando estas imágenes es fácil comprender por qué el mercado y los marchantes demandaban este tipo de representaciones. Todas son imágenes que deleitan al espectador. Son ciertamente bellas y agradables a la vista, evitando cualquier escena lúgubre como las que estos artistas seguramente se encontrarían en aquellos pueblos costeros. Incluso los rasgos de la pobreza, la ropa de las mujeres por ejemplo, están teñidos con un tinte idílico.
Representando al campesinado bretón.
Desde 1830 aproximadamente, el siglo XIX fue un período de transformaciones políticas, sociales y artísticas. El romanticismo ayudó a centrar el interés en la naturaleza, no sólo como fondo en la tradición del paisaje histórico, sino como un tema en sí mismo. La influencia de John Ruskin en los artistas y viajeros ingleses fue fundamental para dar forma a las concepciones del "turismo cultural" como alternativa a la experiencia de viaje impulsada por el mercado. Además, las prolíficas representaciones artísticas y litográficas reproducidas en revistas parisinas como Le Magasin Pittoresque, con especial atención al paisaje natural y al campesinado preindustrial de Bretaña, con sus trajes folclóricos tradicionales, coifes (peinados femeninos), creencias y costumbres, despertaron un especial interés en un tipo de representación pintoresca convencional de esta región, además de los llamados thèmes paysans (escenas campesinas) que se estaban convirtiendo en parte de los temas pictóricos habituales de los salones anuales.
A medida que se aceleraba la urbanización y la industrialización en la vida contemporánea, con el éxodo de las clases trabajadoras a las ciudades, también crecía la nostalgia por el campo. Surgió un mercado de pintura de la vida rural idílica que fue un gran incentivo económico para los artistas, y permitió que muchos se establecieran de forma temporal o permanente en las aldeas rurales. Al mismo tiempo los viajes por Francia se hicieron mucho más fáciles con la expansión de los ferrocarriles. El primer tren de París a Quimper circuló en 1862. Los artistas podían pasar los veranos en el campo y en la costa practicando la pintura al aire libre. El académico francés Jean-Leon Gerome solía animar a sus estudiantes americanos a visitar Bretaña. En la década de 1870 Pont-Aven se había convertido en el lugar favorito para los artistas de la ciudad. En este contexto de creciente interés por la pintura de paisajes, un número de colonias de artistas florecieron en toda Europa.
El Grupo de Concarneau.
Muchos artistas se establecieron al menos temporalmente en Concarneau desde 1870 hasta mediados del siglo XX. El origen de esta colonia está ligado a uno de los pintores que figuran en estos grabados, monsieur Alfred Guillou. Hijo de un pescador y antiguo alcalde de Concarneau, Guillou se formó temporalmente en París en el taller de Alexandre Cabanel, donde conoció a otros artistas como Jules Bastien-Lepage, Fernand Cormon y Théophile Deyrolle. Por influencia de Guillou, Deyrolle abandonó sus estudios de arquitectura en la Escuela de Bellas Artes y se unió a él en la pintura. Se convirtió en estudiante y asistente en los estudios de Alexandre Cabanel y William Bouguereau. Años más tarde ambos artistas abandonaron París para vivir en Concarneau. Allí Deyrolle se casó con la hermana de Guillou, Suzanne, también artista. Juntos fundaron la Colonia de Artistas de Concarneau, donde retrataron escenas pintorescas siguiendo técnicas académicas. Como muchos otros artistas, Guillou y Deyrolle pensaron que las tradiciones bretonas se transformarían y desaparecerían con el tiempo, y que era deber de los artistas preservar su memoria. Guillou pasó la mayor parte de su vida en su ciudad natal, y pudo exponer sus obras en las Exposiciones Universales de 1889 y 1900 en París, donde ganó medallas de plata. Uno de los cuadros de Guillou, Pecheuses de Crevettes, muestra a dos niñas sobre una roca pescando con una red lo que la marea ha dejado. Otro de sus cuadros, Jeune pêcheuse de crevettes, muestra a una joven bretona en las rocas con una red de pesca y una cesta. La mayoría de los cuadros de Deyrolle son escenas pastorales, o tratan de la vida portuaria y de los oficios marítimos. Algunas de las obras de ambos artistas están expuestas en el Museo de Bellas Artes de Quimper. Muy próxima a otra colonia de artistas, Pont-Aven, Concarneau atrajo a lo largo de los años a numerosos artistas interesados en la representación de escenas costeras y en las tradiciones bretonas, que asociaban a una especie de primitivismo.
No tenía intención de adquirir más grabados. Sin embargo, un viernes por la mañana temprano en uno de los puestos del mercado de Portobello me topé con un maravilloso grabado antiguo que una vez más estimuló mi interés por este tipo de obras de arte, y me animó a seguir buscando más.













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